¿Medieval Times?

Ayer fui a Medieval Times.

No me preguntes por qué, pero fui. Recuerdo, cuando nos mudamos a Miami, pasar por la puerta del Restaurante Excalibur, en Le Jeune Road. Excalibur era una castillo en el que se podía cenar y ver un espectáculo medieval, con caballos, caballeros con armadura, princesas, reyes y reinas… para un niño de 11 años, aquello era un sueño hecho realidad.

Nunca fui a Excalibur, y tiempo después, aquel restaurante cerró y el castillo lo derrumbaron para hacer un aparcamiento y un Publix nuevo.

Así que ayer, 16 años después, fui por primera vez al Medieval Times de Lyndhurst, New Jersey. Era el cumpleaños de mi cuñada, que cumplía los 25, y decidió que sería divertido celebrarlo allí, ¿Por qué? Ni idea. No sé que debe tener una chica de 25 años en la cabeza para pensar que pasar una hora y media en Medieval Times como celebración de tu primer cuarto de siglo sea algo divertido.

Para empezar, lo que cuando tenía 11 años “era” un castillo, hoy, a mis casi 30, es más parecido a un hangar con una carcasa de plastico en forma de torres feudales… y ya. El portón de la “fortaleza” es el mismo tipo de puerta que había en el gimnasio de mi instituto, incluida la señal de Salida de Emergencia en lo alto del marco. Lo que entonces pensaba que serían reyes, reinas y caballeros andantes, anoche se convirtieron en gordos y gorditas de New Jersey, y la mayoría con acentos Jersianos/Italianos tipo Tony Soprano pero que, eso sí, concluían todas sus frases con el riguroso “mylady” o “mylord”… apropiado de los tiempos a los que te transportan al pasar bajo la señal de EXIT sobre el portón del castillo. Se ve que el staff se tomó muy a pecho el “manual de conducta y actuación” que recibieron junto a su uniforme cuando fueron contratados.

Tras la cola de la entrada, y después de pagar los $60 (si ¡¡SE-SEN-TA!!) de admisión, nos transportamos (de nuevo) a lo que me imaginó hubiera sido una discoteca medieval, con bar incluido, y donde se puede disfrutar de los últimos hits del Top 40. Fergie, Black Eyed Peas, Justin Timberlake, Rihanna… quién hubiera imaginado que estos también eran los reyes de las ondas radiales hace más de 9 siglos, en los reinos medievales españoles, y que la juventud de aquella época tenía tan mal gusto musical como la de hoy en día.

Después de luchar con barrigones atiborrados de cerveza (la cual no bajaba de $14 por mega-vaso) para entrar en la sala (o en el graderío donde iba a llevarse a cabo el torneo, mejor dicho), nos sentamos en sillas plegables de plástico, como en cualquier estadio de baloncesto o hockey, y nos sirven sopa de tomate (de lata, Campbell’s) en un cuenco con un asa. El cuenco y el plato son de metal, eso sí, pero la “jarra” donde supuestamente los proletarios que vivían en los aledaños de castillo disfrutaban de sus birras eran de un plastico duro gris con tufo a lavavajillas.

Nuestro fiel “paje” era un chico con bigote llamado Norm, que nos sirvió manjares tan selectos una costilla con salsa barbacoa, medio pollo frito, media patata hervida y una rebanada de pan de ojo (recuerdo que se paga SE-SEN-TA dólares por la entrada). Todo esto, obviamente, se come sin ningún tipo de cubierto. Sí, solamente con las manos, medio pollo frito con las manos. Hay que verlo, en serio.

Pero lo mejor estaba por llegar.

El show es un híbrido entre una pelea de la WWF y un paseo por la atracción de Los Piratas del Caribe de Disney World. ¡Pátetico!

No pude evitar fantasear durante el espectáculo con escribir un guión para una película mala que examinara la vida de los “actores” de Medieval Times. Obviamente, incluiría los típicos teenagers en busca de un poquito de dinero extra para comprar cerveza mientras van a la universidad, el viejo quemado, barrigón, que lleva 25 años presentando el show, la princesa preciosa que no hace caso al nuevo paje, un tontorrón (y protagonista de la cinta, ¿cómo no?), pero que acabará locamente enamorada de él cuando esté le salve de ser violada por el malvado Caballero Verde. Pero el personaje que se llevará la palma por su actuación será sin duda el caballero de mediana edad que vive por y para el show, y que ha acabado por creerse que vive en el medievo y por lo tanto actúa, habla y se comporta como tal. Sería una mezcla entre Dwight de The Office y el pirata pelirrojo de DodgeBall. Imperdible, y con casi toda seguridad, un serio candidato al Oscar.

Sí, así de entretenida fue la velada, y por esos derroteros andaba mi cabecita.

Más allá de mis fantasias de celofán, él show de verdad, el que se llevó a cabo en la arena de combate bajo mis propias narices, fue de lo peorcito que he visto en mi vida. Los dialogos eran flojos, por no decir cruelmente aburridos, las coreografías de combate tan simples y predecibles que mi sobrina Andréa, actuando en El Cascanueces con los niños de su guardería, hubieran sido un mejor uso de mis $60, y la compañía, ¡Ay! la compañía. Casi dos mil personas vueltas locas, borrachas como cubas, alentando a los caballeros como si fueran sus primos en un partido de fútbol; todo muy triste.

Lo mejor de la velada fue que acabó pronto. A las 9:25 se despidieron los valientes caballeros  y a las 9:50 estábamos en el tren de vuelta a la civilización (Nueva York) y al siglo XXI.

Jamás tuve tanta ganas de llegar a casa y meterme al internet.

Siempre había pensado que la época medieval hubiera sido un gran momento de la historia para haber nacido, sobre todo tras ver “First Knight”, “The Name of the Rose” o “The Pillars of the Earth”, pero si debiera juzgar al medievo por lo que viví anoche, juro que preferiría mil veces este mundo presente, caótico y electrónico.

Los números de 2010

Los duendes de estadísticas de WordPress.com han analizado el desempeño de este blog en 2010 y te presentan un resumen de alto nivel de la salud de tu blog:

Healthy blog!

El Blog-Health-o-Meter™ indica: Más fresco que nunca.

Números crujientes

Imagen destacada

Un Boeing 747-400 transporta hasta 416 pasajeros. Este blog fue visto cerca de 4,300 veces en 2010. Eso son alrededor de 10 Boeings 747-400.

 

En 2010, publicaste 15 entradas nueva, haciendo crecer el arquivo para 78 entradas. Subiste 19 imágenes, ocupando un total de 2mb. Eso son alrededor de 2 imágenes por mes.

Tu día más ocupado del año fue el 28 de enero con 72 visitas. La entrada más popular de ese día fue Bitácora de viaje.

¿De dónde vienen?

Los sitios de referencia más populares en 2010 fueran facebook.com, mortero.wordpress.com, finisimapersona.wordpress.com, WordPress Dashboard y es.wordpress.com.

Algunos visitantes buscan tu blog, sobre todo por cuanto dinero hay en el mundo, los galacticos, cubo, cuanto dinero tiene estados unidos y bitacora de viaje.

Lugares de interés en 2010

Estas son las entradas y páginas con más visitas en 2010.

1

Bitácora de viaje febrero, 2008
1 comentario

2

¿Cuánto dinero hay en el mundo? febrero, 2008
6 comentários

3

El cubo galáctico septiembre, 2008

4

Archivo profesional abril, 2008

5

Tan joven y tan viejo marzo, 2008
3 comentários

¿Quién se enamora en una funeraria?

El olor a crisantemo era asqueroso.

Miklos llevaba ocho años trabajando en la funeraria de su tio y aun no se había acostumbrado al repugnante aroma de las flores de muertos.

La vigilia de hoy se hacía a feretro cerrado. El cadáver era un mafioso al que le habían reventado la cabeza a balazos. Miklos había arreglado ya la sala. Las siete filas de veinte sillas cada una, separadas por un estrecho pasillo en el medio, estaban perfectamente alineadas. Y fue justo entonces, cuando barría el lobby de la funeraria esperando a que llegara la procesión, cuando vio a Vivianna.
A sus cuarenta y pocos, sus ojos azules destacaban ferozmente por entre las patas de gallo. Las mejillas tersas y pálidas contrastaban con los esplendidos tirabuzones de pelo dorado que se escondían tras su gorro invernal, para después caer libres por cada extremo de su cara y, finalmente, descansar en sus hombros.

Caminaba lentamente, cabizbaja, sola, en primera línea tras del ataud que cargaban seis musculosos hombres, todos perfectamente vestidos con traje negro, gafas de sol y coleta engominada.

Miklos no le podía quitar el ojo de encima y hacía varios minutos que había dejado de barrer para, simplemente, observar a esa obra maestra de la naturaleza. Su tio se dio cuenta y, disimuladamente, se acercó a Miklos y le estiró de la manga de la chaqueta, para que despertase. Nunca quería tener problemas con sus clientes, pero mucho menos hoy que velaban a uno de los jefes de la mafia rusa. Hoy, todo tenía que salir perfecto: 12 horas de vigilia, todo impecable, ni un altercado, cobrar y a olvidarse del tema.
Pero Miklos no se podía sacar a Vivianna de la cabeza.”¿Quién se enamora en un funeraria?”, penso ironicamente mientras le sujetaba la puerta a los últimos miembros de la procesión.

Miklos inhaló profundamente el odioso fragor de los crisantemos, se arregló la chaqueta, y continuó barriendo el lobby.

La balada de Jack y Loreley

(borrador… en teclado americano. Sin acentos, etc.)

“… Noventa y ocho. Noventa y nueve. Cien. Aqui”, dijo el hombre mientras soltaba su mochila en la hierba.

Cien pasos desde la vieja via del tren. Alli decidio Jack Hartman que seria el mejor sitio para crear su nuevo hogar.

Una semana despues, por la misma via, y mas o menos a la misma distancia, pues no habia parada oficial en la ruta, el mismo tren que trajo a Jack transportaba ahora toda su vida y todas sus posesiones: su escritorio, su escopeta, sus botas de cowboy, su coleccion de sellos de la guerra civil, su hazadon, y a su querida Loreley, embarazada de 6 meses.

Loreley se sorprendio gratamente al ver lo adelantado que tenia Jack es esqueleto de su futura casa. Seis vigas de madera sujetaban el caparazon de lo que pretendia ser una humilde morada de madera de roble, con dos pisos y un sotano, con ventanas desde el techo hasta el suelo, para que tuviera buena iluminacion, y orientada, como no, hacia al sur, como siempre le habia recomendado su padre.

Antes de que se cumpliera un mes de su llegada, y habiendo pasado mas de 20 noches durmiendo en una carpa improvisada por Jack, a la intemperie, Loreley sintio un extranyo dolor en su vientre.

La joven no queria ni pensar que su bebe iba a nacer en ese momento, pero se temia lo peor. Todavia faltaban 60 dias para que se cumplieran los nueve meses de su noche de boda, la noche que Loreley se habia entregado por primera vez a Jack, y la noche en que, precisamente, quedo embarazada. Pero algo le decia que ese dolor en su alma no era mas que la clara senyal de que la criatura que llevaba dentro estaba lista para ver la luz del dia.

“No puede ser. Mi amor, la casa no esta lista. La cama no esta lista. Todavia nos quedan dos meses segun el plan”, exclamo Jack aterrado. “No puedo esperar mas. He roto aguas. El ninyo tendra que nacer al aire libre”, respondio ella.

Jack no sabia que hacer, no sabia que pensar, estaba saturado.

Corrio hasta el lago, a unos 20 metros de la puerta principal de su casa y volvio con una tinaja llena de agua fresca. Acomodo la carpa, hizo un almohadon de paja donde poder recostar a su esposa, y esparcio una manta a su lado, para arropar a su hijo nada mas llegar al mundo.

El parto duraria mas de ocho horas.

Jack tuvo que ejercer de comadrona y guiar a Loreley para que no parara de respirar y de empujar. La joven no tuvo ni un segundo de descanso. El bebe se hacia de rogar y a Jack los gritos de dolor de Loreley le taladraban el cerebro.

Loreley empujaba y empujaba. En cada intento emitia un aullido que se podia escuchar a varias millas a la redonda. Su cara se enrojecia enfurecidamente con cada esfuerzo por dar vida a su hijo, y despues se tornaba palida mientras la chica se preparaba para el siguiente empujon. “Este sera el ultimo”, se decia a si misma, con la ilusion de escuchar el llanto con vida de su bebe en cualquier momento.

Pero el llanto no llegaba.

Jack estaba desesperado. Sus manos, sudorosas, temblaban como una hoja, y su mente volaba entre los malos augurios y la esperanza. Metio las manos entre las piernas de su mujer, nervioso, intentando hacer por intuicion algo que solo deberia hacerse tras anyos de preparacion. Acaricio los muslos de su mujer, firmes y sedosos, y eso le calmo un poco. Por un segundo recordo su noche de boda, cuando hicieron el amor por primera vez, y recordo cada recoveco del cuerpo de la unica mujer que habia amado en la vida. Pero antes de llegar a la ingle, Jack volvio repentinamente a la realidad. Sus manos se toparon con una mezcla de liquido pastoso y se dio cuenta que su mujer se habia desgarrado. Su falda estaba ensangrentada y el caudal que bajaba por la hierba era preocupante. Su sistema nervioso se colapso. Penso en gritar, en romper a llorar, a sabiendas que esa reaccion destrozaria a Loreley, y entonces logro decir: “Solo un poco mas, mi amor. Ya veo la cabeza. Ya puedo tocarlo”.

Era mentira, pero su idea dio resultado. Exhausta por el esfuerzo y empujada por el animo de pensar que su marido pronto tendria a su hijo en sus brazos, Loreley hizo un ultimo intento. Tomo tres bocanadas de aire cortas, seguidas, sin pausa. Y entonces apreto los dientes, concentro toda su fuerza en sus musculos abdominales, y empujo con toda su alma. Su grito fue gutural, desgarrador, pero a la vez fue un grito de alivio. Seguramente, los pajaros que anidaban los arboles de alrededor salieron volando espantados, y de repente el sol brillo con mas fuerza. Y Loreley escucho el llanto de su bebe.

A las siete y diez, de aquella tarde de Abril, llego al mundo, rodeada de tierra, serrin y gravilla, y con un sol arrebatador resplandeciendo en sus ojos, Rose Lucille Hartman.

“Es preciosa, Jack. Tiene tu nariz. Es preciosa”, suspiro Loreley, somnolienta por la gran perdida de sangre. “Ya, ya, mi amor. Dale un beso y relajate. Tienes que guardar fuerzas y descansar”, replico dulcemente Jack.

Loreley cerro los ojos, con una sonrisa en los labios, y nunca mas los volvio a abrir.

Broder, somos campeones del mundo

2010, Joacan, que año. No lo olvidaremos nunca, por mas de un motivo. Solo espero que te quedes con lo bueno. Sonrie. Feliz Navidad:

Cuando fuimos campeones

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