Entre el bien y el mal


Hoy fuimos a comer a Cilantros, un lugar pequeño, familiar y que, además, sirve comida muy rica por un módico precio.
Hace dos semanas cambiaron a la camarera que acostumbraba a trabajar allí, le llamabamos “la jenny”, de cariño, pues su nombre no llevaba un artículo personal delante. Bueno, pues hace dos semanas “la jenny” dejó de trabajar y la gerencia del lugar decidió contratar a dos camareras que fueran más apetitosas para el ojo masculino, pues es el género que más suele pisar esas lides es el de los cromosomas doble X.

En realidad, estas dos chicas no son nada guapas, es más, ni siquiera tienen gracia, pero ellas hacen su trabajo, intentan coquetear un poquito para que el jefe las vea aplicadas y luego te sirven la comida y te dejan en paz. El problema es que una de ellas, al hacer la cuenta, se equivocó y nos cobró 8 dólares de más. Nosotros, sólo por hacer la gracia y sin saber que en realidad la chica se había equivocado, montamos el numerito y pedimos que viniera el manager, es decir, el dueño del restaurante que estaba ahí mismo y que había visto como haciamos el chiste con una gran sonrisa en los labios. Sin embargo, y con algo de complicidad, decidió mirar el recibo y… SE DIO CUENTA QUE ESTABA MAL.

De repente la sonrisa le desapareció del rostro y se apresuró a pedirnos disculpas. Efectivamente, la chica había cometido un error al sumar y nos estaba cobrando 8 dólares de más. Nosotros intentamos quitarle hierro al asunto diciendo que hubieramos pagado el resto del dinero gustosos, sólo por el buen servicio prestado por la muchacha, pero el dueño no estaba para chistes. La chica se quedó muda y seguro que se esperaba una gran reprimenda.

Entonces me entró el remordimiento. Hubiera preferido no decir nada y no haberle metido en problemas, pero también tiene guasa que la tia te cobre 8 dólares más porque sí.

Bueno, sólo espero que no acabe como “la jenni”.

2 comentarios

  1. Yo pense que se haria mencion en este blog sobre la sorpresa del almuerzo, que quienes concurrimos a Cilantro sabemos muy bien que fue: el culo de la mas vieja de las mujeres que estaban de ese lado del mostrador. Porque para su edad lo tenia muy redondo y bastante parado. Y la verdad es que puesta donde estaba, inspiraba todo tipo de obsenidades mentales, sexo con fritangas; moros, cristianos y gluteos; chicharron de pollo en el orto… etcetera. No?

  2. La puta! Qué sandeces que escribía! Me pregunto si habré cambiado.

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