Año nuevo; vida nueva

Como todas las mañanas, el paseo al metro cuenta con una parada en la cafetería de la esquina.

Hace mucho frio, pero ya se siente mucho mejor que la semana pasada. Cinco días metido en la cama, cinco días tosiendo los pulmones por la boca, prácticamente, y lo peor fueron los últimos días en los que al flema se le juntó sangre. Bueno, lo peor fue la noche que le tocó pasar en un mugriento hospital de Brooklyn. Eso si que no lo podrá olvidar facilmente.

Un apartamento nuevo hecho un desastre es lo primero que ve nada más despertarse. Cajas por todos lados, pilas de libros, dvds y revistas a la izquierda de la cama, la televisión en el suelo a la derecha, hacen imposible el transitar por la habitación, pero al menos, en una semana y con la gripe encima, ha sido capaz de arreglar el salón.

El apartamento cada vez se asemeja más a una casa, como aquella que tuvo hace sólo un par de meses, antes de pasar por el infierno. Tres meses han pasado desde que le cambiara la vida, tres meses en los que ha rodado por casas de amigos hasta caer en un loft en la peor parte de Williamsburg, Brooklyn, y con dos compañeras de piso un tanto extravangantes. Estas dos chicas, naturales de Salt Lake City, Utah, son como dos solteros empedernidos, los típicos de las películas que pasan del trabajo, de limpiar la casa y de crear relaciones. Estas dos chicas no suelen salir de casa, se pasan el día incrustadas en el sofá (en su sofá!) bebiendo cerveza y buscando chicos en Craigslist. Trabajan poco o nada: una acaba de ser despedida de la agencia que le pagaba $32,000 al año por escribir cartas a establecimientos u organizaciones gubernamentales en defensa de los derechos de los homosexuales; la otra es peluquera, en espera del traslado de su licencia, y el día que le cortó el pelo al “Pelao” también le regaló un tajo en la oreja. Cuando estas dos chicas decidían salir de casa, solía ser para cruzar la calle y buscar en el bar a algún tipo dispuesto a volver a casa con ellas y pegar un polvo rápido. No les era muy difícil encontrar víctimas asiduamente.

Un día, al salir de su habitación, vio algo que jamás hubiera querido presenciar: una de las chicas estaba en su sofá entablando relaciones (sexuales) con un judío ortodoxo, con ricitos en las sienes y todo. En ese momento, después de haber limpiado el baño, la cocina y el salón mil veces, después de haber “perdido” el taladro y el convertidor de su amigo Raúl a manos de uno de esos extraños del bar de en frente que frecuentaba las habitaciones de las chicas, y después de haber pasado tres meses sin ganas de pisar el habitáculo por el que pagaba $1,033 al mes, decidió que era el momento de levar anclas y buscar otro lugar al que llamar su casa.

Ayudó también la llegada a la ciudad de su buen amigo Juan.

Cuando le ofrecieron la nueva posición en el departamento de publicidad de Microsoft fue también la primera vez en que se dió cuenta que en MSN Latino le tenían en cuenta. Tras 8 meses en esa posición jamás creyó que su jefa pensara que estaba haciendo un buen trabajo. Es más, en alguna ocasión llegó a pensar que estaba cerca de que lo echaran, pero en noviembre pasado, cuando comunicó que dejaba la posición para convertirse en un empleado de Microsoft en pleno derecho, Tania, su jefa, no sólo intentó disuadirlo para que se quedara en MSN Latino, sino que además le pidió un candidato para remplazarlo. Juan fue su primera opción, sin lugar a dudas, y apenas uns semanas después su amigo estaba compartiendo su habitación en el loft de Williamsburg.

Una de esas primeras noches que Juan dormía en lo alto del loft surgió la idea de mudarse juntos. El chico argentino prefería vivir sólo, pero los prohibitivos precios de los alquileres en la zona le acabaron por convencer de que lo más apropiado sería compartir hogar con su amigo.

A un par de calles de la antigua guarida, los ahora compañeros de trabajo encontraron un apartamento a estrenar, con un super de Queens que se llama Fred y que parece sacado de The Sopranos. Sin embargo, Fred es un buen tipo y seguramente no le molestará guardar el sofá (sí, sí, en el que mantuvieron relaciones sexuales el judío ortodoxo y una de las chicas de Utah) ni tardará mucho en poner la puerta en la habitación de Juan.

Por eso, ahora que empieza el año, que el trabajo parece funcionar y que por fin puede considerarse en casa cuando llega a casa, Alfonso espera que la vida también le cambie un poco…para mejor.

El café le cuesta 70 centavos.

4 comentarios

  1. Estoy intentando recordar: ¿los judíos sefarditas son los que aún esperan La Primera Venida?

    Si es así, tu sofá queda listo con una pasada de aspiradora, exagerado.

    Por último, no puedo que hayas sobrevivido los tacos de México DF sólo para enfermarte de la panza en NY. Eres una auténtica señorita blandenge.

    Cuídanos al McEnroe de La Recoleta. Se les extraña.

  2. Cono tio! para ser gallego escribes bastante bien.

    No tenia idea lo de la clinica, espero que ya estes bien.
    Un abrazo,

    Luis

  3. O sea, es NECESARIO que nos juntemos, ché! Ya vale, eh? cuándo carajo los veo? Un besote…

  4. Cabron, va a ser todo un relajo tener al greñas y al Rotulo en una casa!

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