¿Canterazo 2011?

Ahora que se acaba el año y que estamos viendo las mejores actuaciones teatrales de la temporada (no, no hablo de Black Swan o The Fighter. Hablo de Butragueño diciendo que Mourinho es un buen tipo, hablo de Valdano diciendo que el club no habla de los árbitros, y tres minutos después Mourinho sacando un papelito faltón sobre los 13 errores del árbitro, hablo de Florentino Pérez diciendo que aquí paz y después guerra, etc.), me gustaría soñar un poquito.

Y quiero soñar con un Madrid mejor en el 2011, más cercano a sus raíces. Un Madrid como el de los 80, que sin un duro, se convirtió en el mejor equipo de Europa (maldita noche en Eindhoven). Estaba viendo unos reportajes en YouTube sobre la Quinta del Buitre, y no me cabían los jugadores de los álbumes de cromos de mi hermano en el once inicial. Butragueño, Michel, Sanchís y Martín Vázquez estaban claros, y luego sabemos que Ramón Mendoza se trajo a lo mejor del panorama español en 1985 (Maceda del Sporting, Gordillo del Betis y Hugo Sánchez del Atlético de Madrid). Pero, luego tenía muchos nombres sueltos que también estaban en ese equipo. Gente que marcó época y que sabían lo que eran los valores del equipo, esos que ahora están tan olvidados. Hablo de Buyo y de Ochotorena, de Chendo, de los Castillistas pre-Quinta del Buitre, como Agustín, Pineda y Gallego. De Camacho, Santillana y Juanito. De un delantero con el pelo largo que, aunque nadie lo incluye en la Quinta del Buitre ni en la Quinta de los Machos, siempre sale en todos lo vídeos marcando goles: Jorge Valdano. De Aragon, de Solana, de Maqueda, de Villarroya, Schuster, etc. Todos estos jugadores estuvieron juntos en alguna temporada del Real Madrid durante los años 80 y, que equipos, que unidad, que buen rollo. Eso eran equipos para estar orgulloso como aficionado. Yo, por edad, no tuve suerte de disfrutarlos, y el primer equipo del Real Madrid que recuerdo es del 94: Buyo, Quique, Sanchis, Hiero, Luis Enrique; Redondo, Michel, Amavisca, Laudrup, Raúl y Zamorano. Buff.

Lo gracioso, y más en estos tiempor del Barça Campió es que, de aquel espectacular equipo que comandó Valdano desde el banquillo, sólo cuatro (Quique, Sanchís, Michel,Raúl) jugadores eran canteranos (los mismos que en muchos partidos del año pasado: Iker, Arbeloa, Guti y Raúl). Pero los demás, como sí lo fueran. El club tenía algo que impregnaba, que empapaba. Hoy en día, pocos jóvenes jugadores de la cantera pueden decir que entienden más de lo que significa ser del Madrid que Buyo, Alkorta, Redondo o Amavisca. Como en su día, sin serlo, también eran canteranos los Maceda, Gordillo, Juanito, Santillana o Hugo Sánchez.

Ahora, los extranjeros no entienden, y muchos de los demás españoles parecen no querer entender. Por eso, como decía, me gustaría soñar que en el 2011 el equipo será mejor, volverá a sus orígenes. Y eso, que es sólo un sueño, se traduce en fichajes. Yo tengo mi lista: Parejo, Mata, Borja Valero y Llorente. Cuatro jugadores que, juntos, no costarían más de lo que costó Kaká, y que podrían ocupar lo puestos mal ocupados por Lass, Diarra, Gago o (oh, no, ¿se atreverá?¿No se atreverá? …) Benzema. Es patético que estos jugadorcillos cobren una pasta por desangrar a un club que tiene 108 años de historia y que se ha formado a base de lucha y, sobre todo, de algo que Gordillo, Camacho y Juanito tenían bastante: ¡Huevos!

El Madrid no habrá sido siempre tan plástico como el Barcelona (con sus Cruyff, Maradona, Eusebio o Guardiola), con su fútbol de alta escuela. Pero, incluso en los equipos más exentos de clase, el Madrid siempre tuvo un grupo de jugadores sobrados de bemoles, y con eso nos dio para ganar SIEMPRE algún que otro titulillo (lease 9 Copas de Europa o 31 títulos de Liga).

Por eso sueño con un: Iker; Ramos, Albiol, Pepe, Marcelo; Xabi; Mata, Parejo, Borja; Ronaldo, Llorente. Y un banquillo con gente como Arbeloa, Granero, Di Maria, Ozil, Adán, Khedira, Higuain, Pedro León, Juanfran, Garay, Carvalho, Kaká y quien se preste. Es decir, un equipo que juegue bien, pase lo que pase, y sobre todo, que le eche ganas. Que si se tiene que perder, yo prefiero perder luchando que no caminando, como parece ser que le gusta a Karim Benzema y a algunos de sus compañeros de equipo. Patético.

Y es que, mirando el panorama internacional, no hay mucho jugador que fichar que suba el nivel del equipo. Los 11 u 14 mejores del mundo ya están en el FC Barcelona y en el Real Madrid. Y para gastarse una millonada en Schweinsteiger (el único que me hace tilín) o en Adebayor o Dios sabe quien, prefiero aprovechar a la nueva hornada de jugadores que harán grande a la selección.

Ese es mi sueño. Bueno, mi sueño sería que el Real Madrid se organizara a base de ex glorias deportivas. Que se llevase bien con equipos como el Getafe o Villarreal, clubes en los que poder foguear jóvenes valores de la cantera (¿te imaginas un Getafe con Canales, Sarabia, Morata más los Miku, Manu del Moral, etc? ¿O un Villarreal con Canales y Sarabia en los puestos de Borja y Cazorla, que deberían salir a mejores equipos el año que viene?), que tuviera una estructura de cantera que durara más de 5 años y que no se basara en el negocio rápido, y que devolviera, cuando menos, el orgullo de ser hincha del club a los aficionados.

Si puede ser ganando trofeos, mejor. Pero el fin nunca justifica los medios.

El día que fui del Barça

Ahora que está de moda ser blaugrana; ahora que los mejores juegan en Barcelona, y son altos, guapos y solteros; ahora que la gente dice que “el buen fútbol” sólo se ve cuando se presencia un partido del equipo culé; justamente ahora, debo salir a confesar que yo, un día, hace ya mucho tiempo, fui del Barça.

Fue mucho antes de que llegaran los galácticos -y el subsecuente galacticidio- antes del Barcelona de Rijkaard, e incluso del de Van Gaal. Fue justamente cuando el Real Madrid de Arsenio se debatía entre la vida la muerte por entrar a los puestos que daban acceso a la Copa UEFA (al final entró el Tenerife, comandado por Felipe y Juan Antonio Pizzi), y el F.C. Barcelona daba sus últimas bocanadas de aire dirigido por un Johan Cruyff prácticamente desahuciado.

Por aquel entonces, yo vivía con mis padres en Miami, y acababamos de mudarnos a la que hoy en día sigue siendo su casa. Esta casa tiene un jardín gigantesco, con piscina y todo, y lo mejor era que la recepción de mi radio de onda corta en aquel patio, allá por 1996, era casí perfecta. En tiempos pre-internet, pre-teléfono móvil y pre-todo tipo de tecnología que hoy maneja tu vida, tener una radio de onda corta y escuchar al otro lado del transistor la voz templada de los peridistas ibéricos era todo un premio y, a la vez, una odisea. Un premio porque te hacía sentir mucho más cerca de “casa” (dos años después de aterrizar en Miami yo seguía convencido que aquello no era para mí); una odisea porque las emisoras cambiaban sin previo aviso, no había página de internet donde mirar la tabla de horarios/emisoras como referencia, ni un folleto que te dijera donde apuntar el dial. Durante un buen tiempo, antes de mudarnos a la casa nueva, mis tardes adolescentes consistían en sentarme al sol otoñal de Miami a eso de las 4:30 o 5 PM y pasarme los siguientes 60-90 minutos intentando sintonizar Radio Nacional de España antes de que empezara Radio Gaceta de los Deportes. Recuero el día que la señal se intensificó y pude finalmente oir el programa desde el fresquito acondicionado de mi habitación, lo que me permitía jugar a la Super Nintendo mientras escuchaba la radio (esto si que me hacía sentirme MUCHO más cerca de casa, pues me recordaba tantas tardes de domingo escuchando Carrusel Deportivo y jugando con mis amigos en mi habitación en Palma. Claro, en Miami me faltaba lo más importante: mis amigos.)

Pero en la casa nueva la recepción era casí perfecta. Los domingos eran una gozada: sentado en la hamaca tomando el sol, pegándome algún que otro chapuzón en la piscina, y todo mientras escuchaba la jornada de liga española.

En esas andaba cuando un día, casí al final de aquella horrible liga que se llevó el Atlético de Madrid, escuché a través de mi radio: “Luis Enrique arranca por la izquierda. Hace la pared con Fernando Redondo. El argentino la devuelve y Luis Enrique la mete en profundidad para la escapada de Soler. El Nanu la centra a la olla y… GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOLLLLLLL”. En ese momento salté de la hamaca y recorrí todo lo ancho y largo del patio como un poseso. Hasta el día de hoy, y lo digo bien en serio, no he conocido mayor satisfacción, mejor sensación ultrasensorial, que celebrar un gol del Madrid escuchando un partido por la radio.

Sin embargo, toda esa emoción se tornó en amargura cuando el narrador continuó: “… de Sergi!!!!!! GOLLLLLLLLLLLLLLLLL DEL BAARRRRRÇAAAAAAAAAAAA! Jamás me he sentido tan sucio, tan desilusionado, tan lleno de rabia, tan… tan todo lo malo que te puedas imaginar puesto junto. En mi descomunal celebración, no me había dado cuenta que tras el centro al área del Nanu Soler, habían cortado a la retransmisión del partido del Barça para narrar el gol del lateral catalán. Desde ese día, siempre, pase lo que pase, siempre, me tomo un respiro justo antes de celebrar un gol cuando escucho al Madrid por la radio.

Hoy que anda medio mundo (sí, es bonito ir siempre con el que gana… y por supuesto cambiar cuando este empieza a perder) celebrando el Triplete del Barcelona tras su año mágico, yo tengo que confesar que un día fui del Barça, pero por equivocación.

Hoy no. Hoy, más que nunca, soy Madridista 100%. Felicidades a los culés y Hala Madrid.

El hombre tras el mito


Rafa Nadal es el virtual número uno del mundo según la ATP. Tras muchos años a la sombra de Roger Federer, que se ha mostrado intratable hasta este año, el tenista manacorí puede ahora disfrutar sintiéndose en la cima del mundo (porque lo está).

Si mañana Rafa se alza con el torneo de Cincinnati, Nadal será con todo derecho el mejor tenista del mundo, pero honor a quien honor merece: el núcleo de confianza de Rafa ha sido básico para que, a los 22 años, este niño adicto al chocolate y las video consolas se erija como el número uno. Ese núcleo lo componen, obviamente, sus familiares, de casta deportistas (su tio Miguel Ángel es Campeón de Europa con el F.C. Barcelona y ha jugado tres Mundiales de fútbol), pero sobre todo grandes personas.

Hoy publica El País una interesentísima entrevista con su otro tio, Toni Nadal, quien hace las veces de su entrenador. Baja el suntuoso título “Para ser feliz hay que ser austero”, el entrenador explica su particular forma de ver la vida y desvela que desde que era pequeño le enseñaron a conjugar el verbo aguantar. Continúa Toni explicando que, seas el más afortunado del mundo o el máximo perdedor, al final acabas aguantándote por algo, y si es duro afrontarlo cuando no tienes nada, el subconsciente puedo convertirlo aun en más duro cuando lo tienes todo.

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Esa filosofía de vida es la que le inculcó a su sobrino, hoy día número uno de la ATP y dueño de récords que nadie creía posibles de romper en el deporte blanco, pero que a pesar de su fama y dinero sigue viviendo en su pueblo (Manacor no es capital de provincia, aunque cada día se asemeje más a una ciudad) y en la casa de sus padres.

La entrevista no tiene pérdida, pues deja varias anécdotas sobre la carrera de Rafa Nadal y el estilo de preparación, tanto personal como deportiva, a la que le sometió su tio Toni, pero sobre todo me quedo con una frase que resume el punto de vista de este erudito de todo, y de nada a la vez: “[El tenis] es un juego. Creerse alguien por jugar bien al tenis sería tan estúpido como creerse alguien por jugar bien al escondite”.

La edad de oro del deporte español


Honor a quien honor merece. Carlos Sastre es campeón del Tour de Francia. 33 años, nacido en Madrid, afincado en Ávila, cuñado del desaparecido Chava Jiménez, experto escalador y portador (ayer nos dimos cuenta) de un corazón que no le cabe en el pecho. Porque no hay otra forma de explicar que tras su penosa primera contrarreloj de la ronda francesa, ayer sólo perdiera 29″ con respecto al australiano Evans. Titulaba el diario Marca unas palabras pronunciadas por Sastre tras su ascensión al mítico Alpe D´Huez y en preludio a la contrarreloj de ayer: “Me voy a dejar la vida”.

Era el momento de demostrar lo mucho que quería, buscaba y necesitaba esta victoria, y no nos defraudó. Sin EPO, sin un número anormal de hematocrito, sin jeringuillas ni tanques de oxígeno. Como Eddy Merckx, Federico Bahamontes o Miguel Indurain, Sastre se pateó los Alpes, los Pirineos, la Riviera Francesa y hasta los Campos Elíseos a puro pulmón, y hoy ha podido celebrar vestido de amarillo bajo el Arco del Triunfo.

Además, cabe destacar que, en 55 años de historia, jamás había habido un ciclista español que terminara la ronda gala, la Champions League del ciclismo, con el maillot verde de la regularidad enfundado en el cuerpo. Oscar Freire también ha “ganado” el Tour hoy; él también nos ha hecho sentirnos un poco más orgullosos de ser españoles en este mágico 2008 que nunca podremos olvidar. Este año, despertarte y saber que es domingo es una alegría tremenda para los más de 40 millones de ciudadanos españoles que hemos celebrado todo tipo de títulos en todo tipo de disciplinas… y estamos por empezar el mes de agosto. Quedan aun los Juego Olímpicos, el Masters de Shanghai de tenis, la Vuelta a España, el mundial de motociclismo y de Fórmula 1 (un podio sería todo un triunfo para el bicampeón mundial Fernando Alonso) y la elección del Balón de Oro y el FIFA World Player (seguimos rezando por Xavi e Iker Casillas).

Y es que, ya era hora de recoger esta gran cosecha de deportistas. Yo lo presentía ya en 1994, cuando allá por el mes de octubre debutaba un tal Raúl González Blanco con el Real Madrid. Aunque hoy en día puede ser uno de los personajes más discutidos del deporte nacional, nadie debería olvidar que ganar un Champions League para un equipo español era poco menos que una quimera antes de la irrupción en el mundo del fútbol profesional de aquel renacuajo que provenía de la Colonía Marconi.

El Dream Team que se alzó con la Orejona en 1992 era un gran equipo liderado por 4 fueras de serie: Michael Laudrup, Hristo Stoichkov, Ronald Koeman y Johan Cruyff. Los Guardiola, Eusebio, Amor, Bakero, Beguiristain, Sergi, Ferrer o Zubizarreta no eran más que unos talentosos que tuvieron la buena fortuna de estar en el lugar adecuado a la hora indicada. No pretendo restarles ningún merito, pero me recuerdan un poco a Ringo Starr… no dudo que hubiera llegado a ser músico sin John y Paul, pero con Los Beatles pasó a la historia. Cuestión de nacer con estrella, será.

Sin embargo, desde el 94 hasta ahora, en España las cosas se han hecho bien, con conciencia, y el orgullo ganador se ha ido moldeando por muchos guerrilleros que pelearon solos en la jungla, para ahora disfrutar del trono del deporte mundial. Arantxa Sánchez Vicario, Alexanko, Michel y Butragueño, Juan Carlos Moyá, Miguel Indurain, Fernando Martín… Figuras que destacaran en el deporte nunca nos faltaron, pero jamás hubo una GENERACIÓN, jamás hubo un trabajo en equipo, una infraestructura lo suficientemente fuerte como para soportar la presión de ser campeones y poder mantenerse en lo más alto.

Eso es lo que ha cambiado ahora. Pau Gasol juega en Los Ángeles Lakers y ha sido el primer español en disputar una final de la NBA; Nadal acaba de ganar el Masters de Canadá, ha ganado el Roland Garros y Winbledon este año, y está más cerca que nunca de derrocar a Roger Federer en el número uno de la lista de la ATP; Alberto Contador ganó el Tour de Francia el año pasado y el Giro este año; Oscar Pereiro, finalmente, fue declarado ganador del Tour 2006 tras el positivo de Floyd Landis; la selección de baloncesto viaja a Pekín tras aplastar en dos partidos al combinado argentino, Jorge Garbajosa acaba de firmar un contrato multimillonario con un equipo ruso, Rudy Fernández acaba de firmar con los Portland Trailblazers; Pedrosa y Lorenzo se pelean por ser los mejores sobre dos ruedas en la categoría reina, MotoGP; y que decir de la selección de fútbol: campeona de Europa y líder de todas las estadísticas del torneo. Además, Torres fue bota de plata el campeonato pasado, Iker se afianza como el mejor portero del mundo, Xavi, Iniesta y Silva tienen el mundo, literalmente, a sus pies, Villa es el delantero más temido del viejo continente y por atrás aprietan los Sergio Ramos, Cazorla, De la Red, Xabi AlonsoBojan y compañía. Pero es que, hasta el ex portero del F.C. Barcelona, Jesús Mariano Angoy, fue el máximo anotador de la NFL Europa con los Barcelona Dragons y… ¡llegó a jugar con los Denver Broncos en la NFL a finales del siglo pasado!

Pero no queda hay la lista de grandes deportistas de la actualidad nacidos con bandera española. Mientras escribo estas líneas Paquillo Fernández acaba de romper el récord mundial de 10km marcha y se perfila como la mayor esperanza de medalla para la delegación ibérica en atletismo durante los inminentes Juegos Olímpicos de Pekín.

La lista es larga y a mí, la verdad, me ataca la nostalgía al recordar la emoción que me invadió con las medallas de oro en 1992 de Fermín Cacho, Jose Manuel Moreno o Martín López-Zubero (¡este no hablaba ni español!). Entonces, veía a estos deportistas como verdaderos héroes, casí como superhombres que habían sido tocados con una varita mágica, la de los ganadores natos. Hoy, parece que el sueño no está tan lejos; parece que con trabajo y esfuerzo se puede llegar a la cima. Hoy peleamos de igual a igual con todos y, según cuentan las estadísticas, la mayoría de las veces salimos ganadores de ese combate.

¡A por ellos!

Tras la resaca…

Quería dejar pasar algo de tiempo antes de escribir un post sobre España y la Euro2008. De sobra está ahora el que llegue yo a congratularme por la victoria de la selección ibérica (eso ya lo habéis hecho vosotros con inumberables llamadas y SMS…a todos, ¡Gracias!), pero si me gustaría dejar, tras la resaca de éxito, mis conclusiones sobre los jugadores, el juego, el entrenador y el torneo en general.

Por partes, como dijo Jack el Destripador:

El juego

Jamás, en la historia de España, ha habido un equipo que jugara tan bien al fútbol como la selección de Luis en esta Euro 2008. Dejamos atrás tiempos oscuros en los que el peso del juego recaía sobre los hombros de gente como Bakero, Nadal, Iván Campo, Hierro o Amor (¿qué muchos de estos jugadores eran centrales? ¡Ja, preguntadle a Clemente!). Atrás quedan también los años en los que la selección era un grupo de jugadores meritorios que se limitaban a tener un par de buenos partidos en una temporada (Por mucho que admire a Camacho y su testiculina, hacer internacionales a Alkiza, Javi Moreno, Dani García Lara, De Pedro, Romero, Munitis y un largo etcetera dan para pensar…).

Esta selección era un equipo hecho con sentido, cuerdo con el balón y generoso sin él; serio a la hora de recuperar e imaginativo a la de atacar y, además, retocado con pinceladas de super estrellas como nunca antes habían concurrido en una misma selección. Ganar una Euro es mucho más facil si, en un uno contra uno, el delantero rival se enfrenta a Casillas en vez de a Cañizares, Molina, Zubizarreta o… no sé… Julen Lopetegui. También es más fácil ganar un torneo continental con delanteros fuera de serie, que tengan velocidad, buen disparo de corta y larga distancia, regate, colocación dentro del área, desmarque e inteligencia. Es decir, Villa y Torres, que además tienen hambre de títulos y experiencia en partidos grandes. No es lo mismo que llegar a una Euro (la del 2000) colgados de lo que pueda ocurrir arriba juntando a Kiko, Munitis y Alfonso; por no hablar de la del 96, en las que gente como Manjarín, Amavisca o Julio Salinas hacían las “delicias” de los aficionados españoles.

Con todo esto, no pretendo faltar a nadie. Vaya por delante que soy un gran defensor del producto nacional, que he disfrutado como un niño (claro, era un niño) con las jugadas de Kiko, Vieri y Juninho en el Atleti, por no hablar de las triangulaciones entre Penev, Kiko, Caminero y Pantic en el 96; que Amavisca fue uno de mis jugadores favoritos durante su estancia en el Real Madrid por su desparpajo con el balón y por su rara habilidad para el desborde a pesar de contar con un cuerpo sin mucho garbo; que celebré la llegada de Munitis a Concha Espina y me emocioné con algunas de sus jugadas por la izquierda, sobre todo por su pase a Raúl en un gol que marcó el capitán madridista contra el Anderletch; que por Alfonso llevo mil pulseras en mi muñeca derecha y que, de haber sido secretario técnico del Real Madrid en la temporada 96-97, el getafense jamás hubiera marcado 25 goles con el Betis (los hubiera marcado entrando desde la banda derecha del ataque madridista). Ni que hablar de mi satisfacción con el gol de Hierro ante Dinamarca en 1993, y las mil tardes de gloria con la camiseta blanca; de lo mucho de disfruté con mi paisano Nadal liderando la defensa del Mallorca en sus últimos años de fútbol; o de lo buen portero que siempre me pareció Andoni Zubizarreta (maldita Nigeria).

Pero lo que sí pretendo decir sin tapujos es que, una selección española, del deporte y/o disciplina que sea debe estar integrada por los mejores, y estos 23 jugadores se acercaban mucho a esa lista de los Top 23 jugadores nacidos dentro de nuestras fronteras (o naturalizados como el sambero Senna). A mí me faltaron dos nombres, pero de eso hablaremos más adelante, aunque “al César lo que es del César”: Esta selección de Luis jugó como los ángeles.

Los jugadores

Como he dicho antes: a mí me faltaron dos en la lista. Claro, una vez que la selección ha levantado el trofeo, ¿a quién le interesa lo que pueda pensar? Sin embargo, sigo creyendo con rotundidad que este equipo no era el mejor de los que podría haber utilizado Luis. Muchos (entre ellos mi hermano) argumentan que seguro que la exclusión Raúl y Guti se debió a motivos extradeportivos más que deportivos. Que seguro que estos no hubieran hecho el grupo que los Cazorla, Sergio García o el showman Pepe Reina, y que eso, al final de cuentas, pesa mucho en un torneo corto.

Vale. Compro el argumento, pero dudo que Guti (el nuevo Guti que lleva dos años portando galones, derrochando calidad y esfuerzo a partes iguales, y reduciendo sus rabietas inmaduras al máximo) y, sobre todo, Raúl no fueran capaces de acatar las decisiones de Aragonés o no tragaran con el hecho de convertirse en carne de banquillo aunque fuera, simplemente, por sentirse partícipes del mayor logro del fútbol español en los últimos 44 años. No sé, como digo, tengo mis dudas, y como dudo, me refugio en los números: Guti fue el máximo asistente de la Liga anterior, con 16 pases de gol, jugando como medio centro y no como un cómodo mediapunta sin necesidad de recuperar balones; Raúl, por su parte, sacó las castañas del fuego en muchas ocasiones al equipo (me vienen a la mente el partido ante el Sevilla en el Bernabéu, los dos partidos ante la Roma, etc.) y volvió por sus fueros marcando 18 goles en Liga y siendo el tercer máximo goleador del campeonato (por detrás de Güiza, seleccionado, y Luis Fabiano, carioca). Para mí, estos dos jugadores hubieran aportando aun más a una selección ya de por sí primorosa; pero ¿quién soy yo para decir nada?

El entrenador

Chapeu para Luis Aragonés. Con sus malos modos, con sus rabietas, con su comentarios “racistas”, sus críticas al máximo goleador histórico de la selección… con todo eso, ¡Chapeu!

Pero claro, tampoco nos ceguemos. Lo mejor que pudo hacer Luis tras el éxito fue decir: ¡Adios, muy buenas! coger la maleta y firmar un contrato, asegurándose el futuro de su estirpe por los siglos de los siglos, con el Fenerbache turco.

Porque Luis no es ni el mejor técnico ni el más diplómatico ni el más indicado para apagar fuegos en un grupo de “estrellitas” o, al menos, para no encenderlos. Por mucho que me cueste reconocerlo, el presidente de la federación, Ángel María Villar, tiene todo la razón del mundo al señalar que “los jugadores tienen el 95% de la culpa de este título; Luis el 5%”. A poco que cualquiera sepa de fútbol, y no se deje guiar por amigos, nacionalismos o intereses monetarios, se veían claramente los jugadores que tenian que formar el esqueleto de esta España campeona de Europa, por lo que no podemos tildar a Luis de gran descubridor, mago ni alquimista.

Aragonés hizo lo más sensato: Casillas de portero, Ramos por un lado, Puyol + 1 (bravo Marchena, dejando atrás todas las dudas que suele crear con su juego en el Valencia), un lateral izquierdo cumplidor, Silva, Iniesta, Xavi en la mediapunta resguardados por un buen escudero (bendita la hora en que Soler la cogió con Albelda, el mimado de Luis desde que agarró las riendas, y que hizo que el Sabio de Hortaleza tuviera que mirar hacia otro lado para encontrar una buena visagra para su juego defensivo-ofensivo) y, arriba, 2 puestos para 3 jugadores y para 2 estilos de juego. Villa, Torres y Cesc. Dos delanteros y un mediapunta para jugar al tiqui-taca o al tiqui-teto (ya sabéis: tu te agachas y yo te la m…)

De nuevo, sigo creyendo que, cualquiera con dos dedos de frente, podría haber montado este equipo, o incluso uno mejor (referirse al apartado de Los Jugadores) y sacarles el jugo que les ha sacado el Sabio.

Por eso, ahora, estoy contento de que la federación con Hierro a la cabeza (alguién que tiene todavía mucho que demostrar como manager de cualquier entidad, pero que ya cuenta con una Euro en su corto currículum administrativo) hayan elegido a Vicente Del Bosque como el sucesor de Aragonés. Un técnico con prestigio intacto, moral y ético hasta la médula (rechazó ofertas para lucirse en radio y televisión, además de pasearse con gastos pagados por Austria y Suiza, durante la Euro para no crear polémica por su más que inminente designación como seleccionador nacional), con un palmarés como jugador, secretario técnico y entrenador inigualable dentro del fútbol nacional, gran manipulador de egos hinchados en vestuarios de solera y, sobre todo, amante de un fútbol que casa perfectamente con los jugadores que hoy día reinan en la selección. Además, Del Bosque es un técnico que sabe ganarse a los jugadores con mucha mano izquierda y que, a recursos tácticos, pocos le ganan. Si no, basta con revisar videos de la Champions 99-00, la cual la ganó el salmantino con una defensa formada por Michel Salgado, Iván Campo, Karanka, Helguera y Roberto Carlos, y una delantera con Raúl, Morientes y Anelka. Si eso no es sacarle el jugo a un equipo plagado de ingertos futbolísticos como Geremi, Baljic u Ognenovic, pues no se yo lo que es. Además, en liga, cabe recordar que la temporada la salvaron ese año jugadores del filial como Meca o el Roly Zarate, típicas flores de un día que Del Bosque supo aprovechar pero con las cual no picó después, al no contar con ellos a largo plazo. Con esas decisiones muchos le criticaron y lo tildaron de loco por desaprovechar “grandes valores” de la cantera; sin embargo, el tiempo le dio la razón y si alguién sabe donde andan estos dos piltrafillas, por favor que me avisen. Dicho todo esto por no mencionar una de las variantes técnicas más brillantes jamás inventada en el fútbol moderno, pero que por conocida y reutilizada, quizás, haya perdido un cierto toque en cuanto a poder de convicción: la reubicación de Zidane en la banda izquierda del mediocampo madridista, con salida hacia el centro, creando un pasillo con recorrido infinito para la bala que solía ser Roberto Carlos. Pellegrini en el Villarreal (con Riquelme y Arruabarrena) y Rijkaard en el Barça (con Ronaldinho y Gio) saben muy bien a quien le deben dar las gracias de sus “grandiosas” ideas de reubicar a los talentosos en la banda para interrumpir la marca del contrario, tapar huecos en defensa y crear una válvula de escape al lateral de largo recorrido.

En fin, que España ganó la Euro 2008, cuenta con una generación de futbolistas que, perfectamente, estarán luchando por consagrarse como los mejores del mundo en 2010 y que, además, va a contar con un entrenador sensato, sensible y, sobre todo, bueno, que sabrá a buen seguro sacar lo mejor de cada jugador de su grupo.

PD: Por cierto, mención especial merece el escudero de lujo de Luis: el gallego brasileño José Armando Ufarte.

El torneo

Antes de firmar quería dar mi opinión, más como aficionado que como prefesional de esto del periodismo, sobre la Euro 2008. Una lista totalmente parcial, bañada de gustos propios y falta de objetividad, y que para nada quiere servir de crítica a las listas que otro/as han hecho públicas con sus propias opiniones y debilidades futbolísticas, aunque ello/as hayan querido venderlas como la verdad más absoluta de todas a la hora de las calificaciones personales en la Euro 2008. Ahí va mi once ideal de la Euro 2008, tres semanas después, ya sin estar bajos los efectos de la euforia y del champán de la celebración:

Portero- Casillas: España

Lateral- Altintop: Turquía

Central- Pepe: Portugal

Central- Marchena: España

Lateral- Zirkhov: Rusia

Mediocentro- Senna: España

Derecha- Snjeider: Holanda

Mediapunta- Ballack: Alemania

Izquierda- Schweinsteiger: Alemania

Delantero: Villa: España

Delantero: Pavlyuchenko: Rusia

MVP del torneo: Snejider

Aunque los Xavi, Silva, Torres e Iniesta deberían estar ahí, creo que también los Podolski, Nihat, Arshavin o Van Nistelrooy tienen cabida entre los más destacados. Sin embargo, sólo hay cupo para 11, y estos son los mios. Debatamos..

Calidad a borbotones

Me juré y me perjuré, bueno, por lo menos, me prometí a mi mismo, que no iba a escribir de fútbol en este blog. Y creo que, de momento, he cumplido. Aunque, de igual manera que uno no quiere romper la dieta con un Kit Kat, pero está dispuesto a hacerlo con un gigantesco creppe de nutella, dulce de leche y platano, o como una vez comprometido con alguién por amor del bueno no se le quiere engañar con una cualquiera, pero si se pone a tiro una modelo… pues no se le va a decir que no; he decidido que hoy rompo la dieta y pongo los cuernos.

Porque lo que se vió ayer en el Coliseum Alfonso Pérez fue más digno de gladiadores romanos, precisamente, que de futbolistas. Porque el partido de ayer entre el Getafe —club del extrarradio madrileño con 2 millones de euros en presupuesto anual, y que ayer pudo (por fín) llenar un estadio con capacidad de 17,000 espectadores— y el Bayern de Múnich fue más que un partido de fútbol, fue una función de magía, con fuegos artíficiales y miles de alegrías durante 120 mintuos, aunque al final nos diéramos cuenta que la chica sí estaba dentro de la caja y que el mago, en serio, la había cortado por la mitad. Así acabamos: horrorizados.

De todas formas, no me sorprendió en lo más mínimo el partido de los cuartos de final de la UEFA. El Getafe es un equipo bien armado, con 18 jugadores que están para ser titulares en cualquier club del mundo, pero que juntos juegan como una máquina perfectamente engrasada. Fue una pena que perdieran el verano pasado a Güiza (fichó por el Mallorca), porque si de algo carece este equipazo es de un depredador del área que pueda enchufar 20 chicharros por temporada. Así y todo, cuentan con un mediocampo para tirar cohetes, donde Casquero es espectacular, Pablo Hernández un fuera de serie, Albín todo un exquisito, Celestini el jugador más completo de la Liga y Contra un mago que juega de lateral derecho o interior, pero que podría jugar de mediapunta y ser el jefe del equipo. Además, Granero y De la Red, dos diamantes de la cantera del Real Madrid, han subido el nivel de este equipo hasta cotas insospechadas, demostrando que están para volver a su club de origen (lo harán en verano) y dar más empaque a un mediocampo falto de carácter como el madridista.

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Pero para mí, y permitidme vociferar mi opinión con total libertad, la clave de este equipo está en dos mediocampistas que no juegan, pero que todavía hoy serían de lo mejorcito de la Liga española: Luis Milla y Michael Laudrup. Los técnicos de este equipo eran dos jugadores con una clase impresionante, una inteligencia inaudita en el mundo del fútbol y que, además, se complementaban a la perfección. Pocos recuerdan que durante el mejor año de Laudrup en España, la temporada 94-95 cuando fichó por el Real Madrid, el danés estuvo acompañado del turulense durante gran parte de la campaña, pues Fernando Redondo comenzo y terminó el curso con muletas (por sendas charrascadas de Ricky Mendiguren, en pretemporada, y Slavisa Jokanovic, ocho meses después de la primera lesión —y tras sólo dos de estar recuperado). Así, Milla agarró las riendas en el mediocampo, y empezó a cortar ataques contrarios con una facilidad pasmosa, encontrando siempre a un compañero bien colocado para recibir su pase en un solo toque, o dos como máximo.

Lo de Laudrup, por su parte, fue para enmarcar. Que temporada, que jugador, que caudal ofensivo… Claro, estos dos genios contaban con la seguridad de que Buyo, Sanchís y Hierro guardaban la retaguardia, Michel, Luis Enrique, Martín Vázquez y Amavisca amarraban las bandas, y que arriba entre Zamorano, Raúl, Dani, Alfonso y Butragueño se bastaban para aniquilar enemigos. Hasta el desaparecido Petr Dubovsky ponía su granito de arena en ese equipo (al menos contra el Zaragoza en el Bernabéu, donde marcó su único gol de la temporada…golazo y q.e.p.d.)


Pero no quiero desvariar en recuerdos lacrimógenos. La cuestión es que esos dos jugadores hoy mandan, también, pero desde el banquillo. Uno, Michael, siempre bien vestido, con traje y corbata, no se inmuta en la banda. Pasa la mayor parte del partido sentado observando, con el apuño apoyado en la barbilla, y sus ojos viajando de un lado al otro del campo, como sí aun fueran capaces de descifrar pasillos invisibles y túneles secretos entre las piernas de los defensas contrarios. El otro, Luis, es el escudero perfecto, como cuando jugaba en primera división. Milla es el que hace el trabajo sucio, el que grita, corrije, apunta, recrimina al cuarto arbitro, organiza los cambios… lo dicho, como cuando jugaba en primera, recupera y toca, pero siempre con calidad, con elegancía, con brillantez.

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Quique Sánchez Flores y Bern Schuster han pasado por el banquillo del Getafe y han sabido ser muy exitosos. El primero supo hacer, de un equipo que venía de segunda, un grupo sólido, peleón y eficaz, que no sólo se mantuvo en primera, sino que se convirtió en la base del equipo que hoy está entre los 16 mejores equipos de Europa. Luego Schuster supo converitr a ese equipo tosco, en una escuadra con calidad, equilibrada, donde todo rodaba al son que marcaban Vivar Dorado, Celestini y Casquero, pero donde las piezas eran intercambiables: no importaba quien jugaba en el Getafe, el equipo siempre lo hacía igual. La convicción sobre el estilo futbolístico a practicar era total y, hoy día, con Laudrup y Milla al mando, esa premisa continúa siendo un credo.


Sin embargo, y a pesar de lo bien que lo hicieron sus predecesores, han sido Laudrup y Milla los que le han dado el salto de calidad a este equipo. Como ya he dicho, es una pena que tanto Kepa como Uche se hayan quedado a mitad de camino de convertirse en los grandes delanteros que apuntaban ser, porque esta máquina de generar juego se beneficiaría muchísimo de un jugador que las enchufara. Tanto Manu del Moral como Braulio son buenos jugadores, pero ninguno de los dos es un killer. Así y todo, el club está haciendo historia y ahora falta saber cuanto más se puede mantener este proyecto. De momento, se rumorea que Laudrup tiene una oferta seria para sustituir a Avram Grant en el Chelsea a partir de junio, pero falta saber si Milla se iría con él, o preferiría continuar su carrera en solitario.

De cualquier manera, el Getafe ya ha hecho historia, a pesar de la crueldad final del resultado, y Laudrup y Milla han demostrado que, con pocos mimbres, son capaces de hacer grandes cosas. Aunque eso tampoco sea ninguna sorpresa, pues cuando jugaban en primera, cualquiera les podía tirar un ladrillo, que ellos devolvían un balón. Y es que con la calidad se nace.

The Matrix: El gran beneficiado

Menuda semana de traspasos en la NBA.

Después de varios años en que las grandes transferencias brillaban por su ausencia, esta temporada se ha presentado espectacular en la materia. Tras el movimiento de Boston en verano, firmando a Ray Allen y Kevin Garnett, el cierre del mercado ha sorprendido a propios y extraños.

Después de pasarse medio año reclamando cambios en la franquicia de Memphis, Pau Gasol recibió el regalo de “La Bomba” Navarro, gran amigo y complice en la Selección española. El arranque, de todas formas, no fue todo lo que esperaban en Tennessee, y Gasol volvió a estar en boca de todos. Se rumoreó su posible traspaso a los Bulls, que finalmente no quisieron hacer frente al contrato del catalán ni perder a alguno de los jugadores que tienen en plantilla (Deng, Gordon, Nocioni, etc.), pero Pau acabó firmando por Los Ángeles, consiguiendo que las opciones de título de los Lakers salieran propulsadas del probable al eminente. Bynum, Odom, Kobe y Pau conforman una plantilla de ensueño que ahora consigue recolocar a jugadores en sus posiciones naturales (sobre todo a Lamar Odom) y que cuenta con una profundidad de banquillo encomiable; mientras Gasol pasa a formar parte de un equipo con verdadero potencial de anillo NBA y deja así de ser el siguiente candidato a convertirse en el Kevin Garnett del siglo XXI (buen jugador, mal equipo).

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